Melasma en primavera y verano: por qué empeora justo ahora
El melasma es una de las manchas faciales que más veo en consulta, especialmente cuando empieza la primavera y se acerca el verano. Muchas pacientes llegan preocupadas porque durante el invierno notaban la piel más estable, pero con los primeros días de sol, calor y vida al aire libre, la mancha vuelve a oscurecerse.
Y esto tiene una explicación clara, el melasma es una alteración de la pigmentación muy sensible a estímulos externos como el sol, la luz, el calor y, en muchos casos, los cambios hormonales.
Suele aparecer como manchas marrones o grisáceas en zonas como las mejillas, la frente, el labio superior, la nariz o el mentón. En muchas ocasiones tiene un patrón simétrico, es decir, aparece en ambos lados de la cara de forma parecida. Aunque no es una lesión peligrosa, sí puede ser muy persistente y afectar mucho a la calidad de vida de quien lo padece.
¿Por qué el melasma empeora en primavera y verano?
El melasma no es una mancha “quieta”. Es una condición que tiende a reactivarse cuando los melanocitos (las células encargadas de producir melanina) reciben ciertos estímulos. La melanina es el pigmento que da color a la piel, y en el melasma se produce de forma excesiva o irregular.
En primavera y verano se combinan varios factores que favorecen esta activación: hay más horas de luz, aumenta la radiación solar, pasamos más tiempo al aire libre y, además, suben las temperaturas. Incluso aunque no tomemos el sol de forma directa, actividades cotidianas como caminar por la calle, conducir, sentarnos en una terraza o hacer deporte al aire libre pueden ser suficientes para estimular la pigmentación en personas predispuestas.
Por eso, una de las frases que más repito en consulta es, el melasma no solo empeora en la playa; también puede empeorar en el día a día si no lo protegemos correctamente.
¿Empeora el melasma en verano?
Sí, el melasma suele empeorar en verano. Es muy frecuente que las manchas se oscurezcan, se extiendan o reaparezcan después de haber mejorado durante el invierno.
Esto ocurre porque en verano aumenta la exposición a tres grandes desencadenantes, radiación solar, luz y calor. En personas con melasma, estos factores pueden estimular la producción de melanina y hacer que la mancha se vuelva más evidente.
También es importante tener en cuenta que muchas pacientes usan fotoprotección, pero no siempre de la forma adecuada. En melasma no basta con aplicar protector solar por la mañana y olvidarse el resto del día. La cantidad, el tipo de fotoprotector y la reaplicación son fundamentales.
¿El melasma empeora con el sol?
Sí. El sol es uno de los principales desencadenantes del melasma. La radiación ultravioleta estimula la producción de melanina y puede hacer que las manchas se vuelvan más oscuras y resistentes.
Pero aquí quiero insistir en un punto importante, en melasma no solo debemos hablar de rayos UVA y UVB. También debemos tener en cuenta la luz visible, especialmente en pacientes con manchas persistentes o tendencia a hiperpigmentación.
Por eso, en muchos casos recomiendo fotoprotectores de amplio espectro, SPF alto y, especialmente en melasma, fotoprotectores con color, ya que suelen incorporar pigmentos como los óxidos de hierro, que ayudan a proteger mejor frente a la luz visible.
La fotoprotección en melasma debe ser completa: protector solar, reaplicación, sombrero, gafas de sol, sombra y sentido común con las horas de mayor radiación.
¿Cómo saber si es melasma hormonal?
Muchas pacientes me preguntan si su melasma es “hormonal”. Es una duda muy habitual, pero conviene explicarlo bien.
Sospechamos un componente hormonal cuando las manchas aparecen o empeoran durante el embarazo, con el uso de anticonceptivos hormonales, tratamientos hormonales o determinados cambios endocrinos. Sin embargo, no todo melasma es exclusivamente hormonal.
En la mayoría de los casos, el melasma es multifactorial. Puede haber predisposición genética y un componente hormonal, pero si además hay exposición solar, calor, luz visible o irritación de la piel, la mancha puede mantenerse activa.
Por eso, más que quedarnos solo con la etiqueta de “melasma hormonal”, lo importante es identificar qué factores están influyendo en cada paciente y diseñar un plan de tratamiento personalizado.
¿Cómo evitar que el melasma avance?
Para evitar que el melasma avance, el objetivo no debe ser solo “aclarar la mancha”, sino reducir los estímulos que la mantienen activa.
La base es una fotoprotección rigurosa, diaria y bien aplicada. Recomiendo utilizar protector solar de amplio espectro, SPF alto y reaplicarlo durante el día si hay exposición, sudor o actividad al aire libre. En pacientes con melasma, suelo recomendar fotoprotector con color, especialmente en primavera y verano.
También es fundamental usar medidas físicas: sombrero de ala ancha, gafas de sol y evitar la exposición directa en las horas centrales. Sé que esto puede parecer insistente, pero en melasma estos pequeños gestos marcan una gran diferencia.
Otro punto clave es evitar la irritación. Muchas veces, por querer eliminar la mancha rápido, se usan productos demasiado agresivos: exfoliantes fuertes, ácidos mal pautados o rutinas excesivas. Y esto puede provocar justo lo contrario: una piel irritada que se pigmenta más.
En melasma, menos agresividad y más constancia suele ser la mejor estrategia.
¿Cómo tratar el melasma inducido por el calor?
Más que hablar de “melasma inducido por calor”, en dermatología solemos hablar de melasma exacerbado por el calor. El calor no siempre es la causa única, pero sí puede actuar como un desencadenante muy importante.
Esto lo vemos mucho en primavera avanzada y verano, especialmente en ciudades calurosas como Sevilla. Algunas pacientes notan que la mancha empeora aunque no hayan estado tomando el sol directamente, simplemente por calor ambiental, deporte intenso, terrazas, cocina, saunas o exposición prolongada a altas temperaturas.
En estos casos, el tratamiento debe tener en cuenta tres aspectos:
Primero, reducir el sobrecalentamiento facial siempre que sea posible. Evitar saunas, vapor facial, duchas muy calientes o ejercicio intenso en horas de máximo calor puede ayudar a controlar los brotes de pigmentación.
Segundo, reforzar la fotoprotección. En melasma asociado a calor, recomiendo combinar protector solar de amplio espectro, fotoprotector con color y barreras físicas como sombrero o sombra.
Y tercero, elegir tratamientos que no irriten. En primavera y verano solemos priorizar pautas estabilizadoras: antioxidantes, despigmentantes bien tolerados, hidratación adecuada y rutinas que mantengan la barrera cutánea en buen estado.
Los tratamientos más intensivos, como ciertos peelings o láseres, deben valorarse con mucha prudencia y no son adecuados para todos los casos ni en cualquier época del año.
¿Se puede tratar el melasma en primavera y verano?
Sí, pero con un enfoque diferente. En otoño e invierno podemos plantear algunos tratamientos más intensivos con menor riesgo de exposición solar. En primavera y verano, en cambio, el objetivo principal suele ser controlar, estabilizar y evitar que el melasma avance.
Esto no significa que no se pueda hacer nada. Al contrario: es el momento ideal para revisar la rutina, ajustar el fotoprotector, añadir protección frente a luz visible y pautar tratamientos médicos seguros para mantener la mancha controlada.
Un error frecuente es abandonar el tratamiento en verano. En realidad, lo más adecuado es adaptarlo a la época del año.
Errores frecuentes que hacen que el melasma empeore
Uno de los errores más comunes es aplicar protector solar por la mañana y pensar que ya estamos protegidos todo el día. En melasma, la reaplicación es fundamental.
También veo con frecuencia pacientes que usan productos despigmentantes demasiado fuertes o rutinas muy agresivas. Si un producto escuece, irrita o deja la piel inflamada, puede empeorar la pigmentación.
Otro error habitual es no tener en cuenta el calor. A veces no hay exposición solar directa, pero sí calor intenso, y eso puede ser suficiente para reactivar el melasma en pieles predispuestas.
Por último, muchas personas empiezan tratamientos sin diagnóstico claro. No todas las manchas faciales son melasma, y no todos los melasmas se tratan igual.
La opinión de la Dra. Sara López Martín-Prieto
